MÉXICO, Ene 20 (FILAC) – En las comunidades de Sanahcat y Polabán, en el Estado de Yucatán, México, un evento que podría parecer cotidiano esconde una transformación profunda: niños y niñas participan de la cocina tradicional, tostando y moliendo la pepita de calabazas, mientras escuchan cuentos, juegan, ríen, preguntan y, casi sin notarlo, reviven palabras en lengua Maya, que parecían estar olvidadas.
Lo que ocurre allí no es una simple actividad escolar, es parte de un proceso pedagógico para la revitalización lingüística que fortalece la identidad Maya a través de la pedagogía Kambal Kuxtal, “aprender en la vida”, considerada como el eje central del proceso comunitario U Kúuchil Kambal Kuxtal, “escuela para la vida”, la cual forma parte de la iniciativa Maayao’on yeetel chiicho’ob, yeetel noolo’ob, Somos Mayas con las abuelas y abuelos.

Para Yamili Nidelvia Chan Dzul, coordinadora del área de aprendizajes comunitarios, la iniciativa no solo busca revitalizar la lengua Maya, sino construir un futuro desde la memoria y la identidad. “Cuando pensamos en nuestros abuelos y abuelas, la identidad y la raíz no es solo pensar en lo antiguo, sino en lo actual, y ese es un reto cuando hablamos de la lengua y de la identidad”.
Este esfuerzo es impulsado por el Centro Interdisciplinario de Investigación y Desarrollo Alternativo “U Yich Lu’um A.C”, una organización indígena ubicada en Sanahcat, fundada para recuperar la memoria histórica, cultural y lingüística del Pueblo Maya. Sus esfuerzos se concentran en tres áreas claves: aprendizajes comunitarios, territorios de vida y desarrollo institucional.
La iniciativa recibió el apoyo del Fondo Saq’ Be’, cuyo nombre en lengua Maya significa “camino blanco”. Dicho fondo es impulsado por el Programa Emblemático de Mujeres Indígenas de América Latina y el Caribe – MILAC, el Instituto Iberoamericano de Lenguas Indígenas – IIALI, el Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe – FILAC y cuenta con el respaldo del Fondo Pawanka.
Hablantes de la lengua Maya: cifras y riesgo de desaparición
Según el último Censo de Población y Vivienda de México 2020, alrededor de 774,755 personas hablan lengua Maya, lo que la convierte en la segunda lengua indígena más hablada del país, después del náhuatl.
Sin embargo, entre 2010 y 2020, la población de tres años y más, que habla lengua Maya, disminuyó en 20,744 personas, pasando de 795,499 a 774,755 hablantes, según datos del censo.
El Atlas de Pueblos Indígenas de México advierte que todas las lenguas indígenas nacionales se consideran en peligro de desaparición. La lengua Maya está considerada como una lengua cuyo riesgo de desaparición no es inmediato.

La pérdida de hablantes de la lengua Maya se explica por diversas razones. Entre ellas, el racismo, los procesos de desplazamiento que afectan la transmisión intergeneracional y los usos cotidianos de la lengua, así como una educación que, en el pasado, castigaba a los padres y madres por hablar Maya, interrumpiendo esta herencia cultural.
Según Sara Oliveros López, representante legal y coordinadora general de la iniciativa, “en la comunidad de Sanahcat, muchos jóvenes menores de 25 o 30 años ya no hablan la lengua Maya debido a factores sistémicos. Ante ese panorama, nuestra propuesta busca reforzar la identidad junto con la lengua, algo que es muy importante en este momento”.
Transmisión intergeneracional: aprender desde la vida
La escuela para la vida integra cuatro ejes principales: revitalización lingüística, derechos humanos, cuerpo y territorio e historia local. Cada actividad busca empoderar a la niñez, fortalecer su identidad y asegurar la transmisión de conocimientos ancestrales.
Yamili Nidelvia Chan, explica que, en las escuelas, los conocimientos se enseñan de manera separada; mientras que esta iniciativa busca tejer estos ejes como procesos de vida. Así la lengua Maya, la memoria histórica, la transmisión de saberes ancestrales y el arraigo al territorio se convierten en prácticas cotidianas desde la vivencia, fortalecen la identidad, las habilidades y el futuro de la niñez.

El proceso también revisa las prácticas de crianza y la relación de los niños y niñas con los abuelos y abuelas, identificando posibles situaciones de violencia, promoviendo cuidados con base en protocolos comunitarios. “La organización analiza qué tipos de crianza se han recibido y cuáles se desea cambiar, apoyándose en protocolos de cuidado”, añade Yamili.
Aprendizaje a través de juegos, historias y territorio
Las actividades implementadas, a través de esta iniciativa, incluyen juegos didácticos, representaciones escénicas, campamentos y preparación de comidas tradicionales. En estas dinámicas, los niños y niñas aprenden palabras y expresiones sin presión, desde la curiosidad y el disfrute.
“Nuestros juegos van recogiendo los elementos del territorio: los colores, las labores cotidianas, todo aquello que es actual, contemporáneo y necesario. Intentamos llevar al juego todo lo que vivimos. Esa memoria, por ejemplo, aunque hoy nadie te diga que el color sur es el amarillo, sigue ahí, guardada. Lo que hacemos es recuperarla, buscarla en los registros epigráficos y traerla al presente a través del juego, de la diversión, de los chistes y de los trabalenguas”, menciona Yamil.

Alondra Graciela Ku Dzul, quien también forma parte de esta iniciativa, destaca que, a través de diferentes actividades, “permitimos que las niñeces disfruten del encuentro con los abuelos, sin imponerles presión o estrés, para que puedan conocer toda esa diversidad que se encuentra en el territorio, con la esperanza de que podamos seguir conectados con las personas Mayahablantes”.
Pedagogía Kambal Kuxtal: aprender en la vida
Sara Oliveros de Ujitlu explica que esta pedagogía, desarrollada durante casi diez años, se basa en el aprendizaje cotidiano y se integra en la Escuela para la Vida. Esta pedagogía permite a la niñez explorar su identidad, tomar decisiones, generar criterios propios, participar en la vida comunitaria y rescatar los derechos humanos, fomentando el arraigo cultural y la revitalización lingüística y cultural.
Según Oliveros, esta iniciativa ofrece “muchas otras posibilidades que normalmente en la comunidad no se acercan o no tienen la posibilidad de explorar, como son: la toma de decisiones por ellos mismos, la organización comunitaria, crear sus propios acuerdos colectivos internos”. Así, los niños y niñas fortalecen su sentido de pertenencia y desarrollan habilidades para actuar en su comunidad de manera consciente y responsable.

Además, la pedagogía reconoce la importancia de la relación intergeneracional, valorando la relación con los abuelos y abuelas que normalmente se da en casa y son quienes transmiten conocimientos cotidianos y culturales.
Oliveros señala que se trata de aprender “cómo vivir dignamente en una comunidad,” fomentando el respeto, la identidad cultural y la revitalización de la lengua Maya mientras los niños y niñas crecen en un entorno seguro y lleno de aprendizaje significativo.
Alondra Graciela Ku Dzul comparte que, durante el proceso de aprendizaje, ha valorado no solo el conocimiento sino también la actitud y el corazón con que se aprende. Destaca la importancia de transmitir amor y cuidado en la enseñanza, reconociendo que los niños y niñas tienen voz y participación desde muy pequeños.
Cocina tradicional: un aula viva de cultura e identidad
La preparación de alimentos tradicionales también se ha convertido en un puente afectivo y cultural. Al escuchar a los abuelos y abuelas hablar en Maya mientras cocinan, reactivan puntos de encuentro comunitarios que requieren cuidado permanente para no perderse.
Sara señala también cómo los cambios en los hábitos alimenticios han transformado el panorama en las comunidades: “Hoy en día se prefiere lo ‘rico’: jamón, salchicha, Coca-Cola… cosas que nos gustan porque saben bien”. Sin embargo, las recetas ancestrales, que poseen un balance nutricional crucial para el cuerpo, son poco conocidas o prácticamente olvidadas en la comunidad.

Por ejemplo, la preparación de la comida con pepita requiere concentración absoluta durante todo el proceso, sin interrupciones, ya que cada detalle es fundamental para que el platillo quede perfecto.
Oliveros enfatiza el valor pedagógico de estas prácticas culinarias: “La comida tiene todo un conocimiento ancestral, hay mucho conocimiento y también hay mucha curiosidad”, evidenciando cómo la preparación de alimentos tradicionales fomenta la transmisión de saberes, conecta con la cultura y el interés por el legado ancestral entre las nuevas generaciones.
Participación y tejido comunitario
En esta iniciativa participaron 20 familias mayas de ambos municipios. En Sanahcat, participan 17 familias con cuatro abuelas, tres abuelos, 20 niñas y 15 niños. En Polabán, tres familias que incluyen a una abuela, un abuelo, tres niñas y cuatro niños. En total, más de 100 personas de la comunidad Maya yucateca están involucradas.
Con actividades que retoman la lengua, la historia y el entorno natural, la iniciativa plantea un camino para que niñas y niños vuelvan a reconocerse en su cultura, acompañados por quienes han resguardado la memoria de los Pueblos Indígenas: sus abuelas y abuelos.
