Cuando la tecnología habla K’iche’: infancia maya usa la robótica para transformar su comunidad

wendy medina
02.20.2026

GUATEMALA, Feb 20 (FILAC) – En las aldeas Paxtocá y San Ramón, en el municipio de Totonicapán, Guatemala, un grupo de niñas y niños mayas K’iche’ aprende robótica de una manera poco convencional: en su propia lengua. A través de materiales didácticos, dramatizaciones y diálogos participativos, fortalecen el idioma K’iche’ mientras se forman en ciencia y tecnología.

Más que ensamblar dispositivos, el objetivo es desarrollar soluciones útiles para su comunidad: desde propuestas para mejorar la agricultura hasta la impresión 3D de piezas que respondan a necesidades locales. La robótica se convierte así en una herramienta para el desarrollo comunitario y la afirmación cultural.

“Van a aprender robótica, pero no para cualquier cosa, sino para crear herramientas, según nuestro contexto, que puedan ayudar a nuestra propia gente”, afirma Carmiña Lissette Velásquez de León, responsable técnica de la iniciativa.

Esta experiencia es posible gracias a K’ich’e Robotic, una iniciativa que busca revitalizar el idioma maya K’iche’ mediante su enseñanza en lectura, escritura y conversación, integrándolo en la asignatura de robótica del Colegio “Fuente de Sabiduría”, una institución educativa dirigida por mujeres mayas.

La iniciativa es implementada por la Asociación de Desarrollo Integral Xeiprojuve, y cuenta con el apoyo del Fondo Saq’ Be’ (“camino blanco” en lengua maya), impulsado por el Programa Emblemático de Mujeres Indígenas de América Latina y el Caribe – MILAC, el Instituto Iberoamericano de Lenguas Indígenas – IIALI, el Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe – FILAC, y respaldado por el Fondo Pawanka.

Más de un millón de voces mantienen vivo el K’iche’

El K’iche’, también conocido como quiché, es una de las lenguas con mayor vitalidad en Guatemala. Pertenece a la familia lingüística maya y se habla principalmente en las tierras altas del centro del país. Según el Censo de 2018, alrededor de un millón de personas lo utilizan a diario, lo que lo convierte en el idioma más hablado después del castellano.

Su nombre puede interpretarse como “tierra de muchos bosques”, y forma parte de una herencia cultural milenaria. Entre sus tesoros destaca el Popol Vuh o libro de los acontecimientos, redactado en el siglo XVI, que reúne narraciones mitológicas y etnohistóricas fundamentales para el Pueblo K’iche’.

Sin embargo, su fortaleza demográfica no garantiza su transmisión generacional. Docentes del Colegio Fuente de Sabiduría han identificado una tendencia preocupante: cada vez más niñas y niños comprenden el idioma, pero lo usan menos en la conversación y la escritura.

A ello se suma la falta de un modelo pedagógico que articule de manera sistemática la ciencia contemporánea con los saberes mayas, conocimientos que hoy sobreviven principalmente en la memoria de las abuelas y abuelos.

La apuesta: robótica para revitalizar la lengua

Frente a este desafío nace K’iche’ Robotic, una propuesta que convierte la tecnología en aliada de la revitalización lingüística y cultural.

La iniciativa abrió espacios de diálogo entre niñas, niños y personas mayores portadoras de la cosmovisión maya, promoviendo un intercambio intergeneracional donde la lengua se practica, se reflexiona y se proyecta hacia el futuro.

Treinta estudiantes, de entre 5 y 12 años, participan en clases donde conceptos de electrónica y programación se explican en K’iche’. Las herramientas del laboratorio tienen nombre en K’iche’ y castellano; las exposiciones se realizan en lengua materna; los videos, dramatizaciones y dinámicas participativas reforzaron el aprendizaje.

“Primero identificamos qué saben sobre robótica, luego reconocen las herramientas del laboratorio y finalmente evaluamos cómo aplican lo aprendido en proyectos reales”, explica Sonia García, directora del colegio. “Lo importante no es que memoricen palabras, sino que puedan conversar con seguridad”.

El enfoque también recupera formas tradicionales de respeto en el uso del idioma, diferenciando el trato hacia niñas, niños y personas mayores, prácticas culturales que habían comenzado a debilitarse.

Diálogo entre generaciones: tecnología con memoria

La iniciativa no solo promueve competencias tecnológicas, sino que fortalece la transmisión de la ciencia y los saberes mayas.

“En el colegio la mayoría habla K’iche’, pero necesitamos reforzarlo para lograr conversaciones fluidas entre todos los estudiantes”, señala García.

Lucio Vázquez, de 11 años, cuenta con entusiasmo que ahora conoce nuevas palabras en su lengua y puede narrar la historia de la creación del ser humano según el Popol Vuh: primero de barro, luego de madera y finalmente de maíz.

Los cambios son visibles. Niñas y niños que antes sentían vergüenza de hablar su idioma hoy lo hacen con mayor seguridad. “Ahora nos saludan en K’iche’ y conversan más”, agrega la directora.

Tecnología y lengua materna: una alianza innovadora

A primera vista, la robótica y las lenguas indígenas podrían parecer mundos distantes. En Totonicapán, sin embargo, esta combinación se ha convertido en una apuesta pedagógica innovadora que fortalece tanto el aprendizaje como la identidad cultural.

“La robótica despierta interés y curiosidad. Eso facilita el aprendizaje del idioma. Pero, además, si revisamos la historia del Pueblo Maya K’iche’, la tecnología siempre ha sido parte fundamental de nuestra civilización”, explica Carmiña Velásquez.

En Guatemala, muchas familias impulsan a sus hijos a aprender inglés o mandarín, asociándolos con oportunidades económicas. Velásquez reconoce la importancia de esas lenguas, pero subraya otra dimensión clave: la identidad.

“Aprender otros idiomas es valioso, pero nuestra lengua materna forma parte de nuestra custodia cultural. Integrarla con la robótica nos permite combinar conocimientos ancestrales con tecnología contemporánea”.

Diseñar soluciones en la propia lengua

Para Velásquez, comprender las necesidades reales de la comunidad comienza por escucharlas en su idioma.

“Hoy muchas comunidades enfrentan escasez de mano de obra y requieren herramientas que faciliten el trabajo agrícola, medicinal o ambiental”.

Un estudiante que domina el K’iche’ puede dialogar directamente con un agricultor que no habla castellano, comprender su necesidad y diseñar soluciones pertinentes. La lengua deja de ser solo un patrimonio cultural y se convierte en una herramienta de desarrollo.

El aprendizaje que comienza en casa

Las docentes coinciden en que la revitalización lingüística no termina en el aula. Aunque la escuela enseña lectura y escritura, es en el hogar donde la lengua se fortalece a través de la conversación cotidiana entre madres, padres, abuelos y nietos.

La robótica, en este contexto, no sustituye la tradición: la amplifica. Convierte el idioma en una herramienta viva, útil y contemporánea. Porque cuando la tecnología habla K’iche’, no solo se programan robots. Se programa futuro con identidad.