Cuando el kaqchikel renace: La comunidad educativa de Chimaltenango teje la revitalización lingüística

wendy medina
01.19.2026

GUATEMALA, Dic 11 (FILAC) – En el Centro Educativo Renacimiento, ubicado en Patzún, municipio de Chimaltenango, Guatemala, el kaqchikel, una lengua que por décadas se consideró en riesgo de desaparecer, está recuperando su fuerza y dignidad. En sus aulas, estudiantes, docentes, familias y abuelas y abuelos de la comunidad impulsan un proceso colectivo de revitalización lingüística que fortalece la identidad y la autoestima de las nuevas generaciones.

Hoy, el kaqchikel no solo se habla: se enseña, se canta, se graba y se comparte con orgullo. La lengua vuelve a circular en espacios que antes la excluían, demostrando que sigue viva y dispuesta a florecer.

A través de talleres de formación, metodologías propias del kaqchikel, aulas de inmersión, actividades de sensibilización y producción de materiales audiovisuales, la comunidad escolar se ha convertido en guardiana de su lengua. Cada palabra pronunciada es un acto de defensa cultural y de continuidad del legado lingüístico heredado por sus antepasados.

“La iniciativa nació por la necesidad de darle vida a un idioma que, con el tiempo, se ha ido apagando debido a la modernidad y a los estereotipos en torno a hablar una lengua”, explica Sulma Marleny Ixén Muhun, responsable técnica del proyecto.

Esta acción comunitaria es posible gracias al apoyo del Fondo Saq’ Be’ (“camino blanco” en lengua maya), impulsado por el Programa Emblemático de Mujeres Indígenas de América Latina y el Caribe – MILAC, el Instituto Iberoamericano de Lenguas Indígenas – IIALI, el Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe – FILAC, y respaldado por el Fondo Pawanka.

Situación actual de la lengua kaqchikel

El kaqchikel se habla principalmente en los departamentos de Sacatepéquez, Chimaltenango, parte de Sololá, la Ciudad de Guatemala y, en menor medida, en comunidades de migrantes en México que huyeron de la violencia durante el conflicto armado interno (1960–1996).

Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida – ENCOVI de 2023, la población maya kaqchikel representa el 14.5 % del pueblo maya en Guatemala. Aunque se estima que más de 500,000 personas hablan la lengua, diversos estudios muestran que enfrenta un riesgo significativo de desplazamiento. El Banco Interamericano de Desarrollo – BID, advierte que el kaqchikel es una de las lenguas indígenas con mayor vulnerabilidad, registrando la pérdida más alta entre 2002 y 2018: de 432,998 a 411,089 hablantes.

Impulsar el kaqchikel frente a la discriminación

Para Sulma Ixén, la disminución en el uso de la lengua tiene raíces históricas profundas: discriminación estructural, imposición cultural desde la colonización, preferencia por idiomas extranjeros y la ausencia de espacios públicos que valoren el kaqchikel.

“Todos los idiomas atraviesan situaciones similares de discriminación. No solo se ha abandonado la lengua, también la indumentaria tradicional. Estamos viendo cómo los mayores la dominan, pero las nuevas generaciones ya no la practican”, lamenta Sulma.

La experiencia de Edna Rosmery Itzol Huz, madre de familia, confirma esta realidad. Al buscar empleo en la capital, fue rechazada por ser mujer indígena y vestir traje tradicional. “Salí llorando. La discriminación nos marca, y sé que no soy la única”, recuerda.

Para Gregorio Sicaján Chuluc, director del centro escolar, la pérdida de la lengua también se relaciona con la ruptura en la transmisión dentro de las familias:
“Muchos padres creen que hablar kaqchikel es un retroceso educativo. Pero creemos que es momento de cambiar esa mentalidad para que el idioma vuelva a hablarse y se respete nuestra cosmovisión”.

Promover el kaqchikel desde el hogar

Una de las formas más efectivas ha sido devolver el idioma al espacio familiar. La comunidad escolar promueve saludos, nombres de objetos y frases cotidianas en kaqchikel, así como actividades de rotulación en casa y talleres de sensibilización.

“Así, nuestros hijos van comprendiendo y hablando el idioma. También debemos motivarlos a responder en kaqchikel para que lo practiquen”, afirma Edna.

Revitalizar el kaqchikel dentro y fuera del aula

Según Sulma Marleny Ixén, la iniciativa busca integrar el kaqchikel de manera práctica en el proceso educativo. Diálogos, dinámicas y ejercicios de inmersión permiten que los estudiantes lo utilicen de forma natural. La participación de las familias y el fortalecimiento de las capacidades docentes han sido fundamentales para que la lengua vuelva a sentirse propia, cotidiana y respetada.

La revitalización también ha significado darles voz y protagonismo a las juventudes, quienes se convierten en ejemplo para sus compañeros y para las familias. La lengua se fortalece junto con la identidad, las tradiciones y la participación comunitaria.

Aula de inmersión y participación comunitaria

Ocho jóvenes voceros del nivel primario, 207 estudiantes y 170 madres y padres de familia han formado parte del proceso. También han participado abuelas y abuelos que, al sentirse más cómodos en kaqchikel, comparten saberes ancestrales sobre medicina tradicional, gastronomía y agricultura.

Docentes como Paola Ajpop Cap han liderado metodologías innovadoras, especialmente con niñas y niños de preparatoria, logrando reducir la discriminación lingüística y fortalecer el orgullo cultural.

Tecnología para visibilizar la lengua

Sulma destaca el papel de las redes sociales y los materiales audiovisuales como herramientas clave. Las juventudes han producido entrevistas y videos en kaqchikel, ganando confianza y liderazgo.

En una de estas entrevistas, una autoridad local solicitó: “Háblenme en kaqchikel; me siento más cómodo en mi idioma”. Este gesto confirmó a la comunidad que la lengua no solo vive: es necesaria.

La vocera joven, Josselyn Paola Yos Sincal, resume su experiencia:
“Fue muy bonito hacer entrevistas. Ahora puedo comunicarme mejor en kaqchikel con otras personas”.

Un renacimiento lingüístico que florece

El kaqchikel está renaciendo en las aulas, en los hogares y en la comunidad. El proceso es largo, pero el camino ya está trazado. Como afirma el director Sicaján:
“El idioma kaqchikel no debe desaparecer; al contrario, debe florecer como toda hermosa flor del planeta”.